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El conejito que aprendió a compartir
En el borde de un bosque lleno de flores vivía Nico, un conejito que había encontrado una zanahoria enorme. Era tan naranja y crujiente que Nico pensó: «¡Me la comeré toda yo solito!».
Mientras buscaba un lugar tranquilo, vio a Lila, la ardilla, sentada junto a un árbol.
—Hola, Nico —dijo ella—. Hoy olvidé mi merienda y tengo un poquito de hambre.
Nico abrazó su zanahoria. Quería ayudar a su amiga, pero también quería guardarla para él. Dio unos pasos y escuchó un suave rugido de barriga. ¡Era la barriga de Lila!
Nico se detuvo. Recordó que cuando alguien compartía con él, se sentía querido. Entonces partió la zanahoria en dos trozos: uno grande y otro pequeño. Miró los pedazos y decidió dividirlos otra vez para que ambos tuvieran una porción justa.
—Toma, Lila. Podemos comerla juntos —dijo Nico.
La ardilla sonrió y le regaló unas semillas de girasol que llevaba en su bolsillo.
Los dos se sentaron bajo el árbol. La zanahoria estaba deliciosa, pero la conversación y las risas hicieron que la merienda fuera aún mejor.
Desde aquel día, Nico comprendió que compartir no significa quedarse sin nada: significa hacer espacio para los demás.
🌷 Enseñanza del cuento: Compartir es demostrar cariño, pensar en los demás y descubrir que la alegría es más grande cuando la disfrutamos juntos.
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